Psicología e Investigación

Por Catalina Valenzuela, directora Escuela de Psicología

El comportamiento humano, desde siempre, ha motivado el interés de distintas disciplinas de las ciencias sociales y otras áreas de la ciencia. La complejidad y multifactorialidad de su constitución, hacen que se transforme en un fenómeno complejo, y en esa medida, intentar comprender cuáles son los elementos que permiten explicar, predecir y controlar el comportamiento parece una utopía, y lo es. Por más estudios que se hagan en personas, grupos u organizaciones, intentando entender como arriba el comportamiento en los distintos escenarios y condiciones, es imposible controlar la forma de actuar, la expresión o manifestación de lo humano. Ese es un universo que no se logrará explorar hasta sus confines.

Ahora bien, la Psicología como disciplina científica, tiene el deber ético y moral, en tanto estudia y trabaja con lo humano, de asumir un abordaje en las intervenciones que realiza, que esté centrado en el bien superior del sujeto que tiene como su centro de interés, buscando minimizar los daños y maximizar los beneficios en el despliegue de las intervenciones. Aquí es donde la investigación se entiende como un elemento fundamental para la incorporación de nuevos saberes que vayan en beneficio de mejores intervenciones.

La investigación, aparece, a través de su método, como una herramienta que nos permite obtener evidencia, datos, y a través de ellos manejar mejor la probabilidad de realizar intervenciones o acciones que lleven a resultados positivos. Sin embargo, muchas veces en los procesos de investigación, se juega de manera peligrosa con la dignidad o respeto por las personas, dejando de considerar que los conocimientos a los que se llega a partir del trabajo de investigación con personas no puede ser a cualquier costo. El interés por conocer más de lo humano no puede ser superior al cuidado y respeto por las personas.

En este sentido, hemos sido testigos de horrorosos casos de experimentación o investigación con humanos, malamente conocidos son los casos de experimentación con judíos en la Alemania nazi, o las investigaciones realizadas para ver efectos de la penicilina en el tratamiento de la Sífilis inoculando el virus a hombres sanos para evaluar sus efectos en Honduras, o la administración del VIH – Sida a madres embarazadas y neonatos para evaluar el efecto de la zidovudina en estados Unidos (Keyeux, G. 2006). No hubo respeto, dignidad, cuidado, elección para ninguno de ellos.

A partir de estos hechos es que se han generado documentos como el Código de Nuremberg en el 47’ o la Declaración de Helsinski el 89’ que establecen cuatro elementos fundamentales a ser considerado dentro de los proceso de investigación con humanos, que se constituyen como elementos éticos mínimos que no pueden dejar de asegurarse en los procesos de investigación. Los principios planteados en los tratados éticos para la investigación son el de beneficencia, autonomía, justicia y no maleficencia. Beneficencia, la investigación debe perseguir el beneficio de las personas, una ganancia superior, el bien mayor, que el conocimiento logrado logre dar respuestas lo más confiables y validas posible para entregar respuesta a la mayor cantidad de personas posible. Autonomía, entendiendo a los seres humanos como sujetos con la capacidad de decidir, optar o deliberar respecto de lo que quieren o no para sí mismos, tienen derecho a renunciar en cualquier momento, a sentirse libres de abandonar una investigación o procedimiento de sentirlo necesario y por supuesto, contar con toda la información para tomar decisiones acertadas. Justicia, lo justo se identifica con lo bueno y lo correcto: Es esperado, por tanto, en este contexto que todas las personas sean beneficiadas con los resultados de los experimentos, que se realicen realmente en los grupos que se requiere investigar y que sólo se utilicen las poblaciones vulnerables cuando en éstas sean beneficiosas las consecuencias. No maleficencia, pretende no dañar al sujeto, lo que obligaría moralmente al investigador a buscar los menores riesgos posibles para los sujetos de experimentación.

Estos principios rigen la investigación con humanos, y debiera regir también cada una de nuestras intervenciones. No se debe perder de vista que lo esencial en la disciplina de la psicología y en las ciencias sociales es tener como norte y bien superior el bienestar, salud y equilibrio de lo humanos, y es nuestro deber asegurarnos de que esto se cumpla.